Hemingway tenía celos de Dostoevsky. Él quería ser el mejor escritor del mundo, pero se convenció a sí mismo de que nunca escaparía de la sombra de Dostoevsky. Un poco triste, la verdad.
Lo cierto es que todo depende de cómo se mire. La misma cosa, dependiendo de quién lo vea, y según su criterio, puede ser lo más maravilloso del mundo, o algo horrible. Aunque uno piense que algo es de su agrado tal vez necesite sentirse (más) valorado, buscar los ojos que apuesten por ello. Buscar una segunda opinión puede ser de gran ayuda. Pero, llegados a cierto punto, si realmente somos, o intentamos ser, realistas con nosotros mismos, y consideramos que tenemos algo por explotar, algo que enseñar, algo que está naciendo dentro nuestro, además de ilusión, ganas y sentimiento...no busquemos sólo más de una opinión, busquemos nuestro lugar para que ese sentimiento florezca.
Y bien, ¿cuál sois vosotros? ¿El genio? ¿O el que vive pensando que está a la sombra del genio? En mi caso…supongo que nunca se me dio muy bien el análisis literario...
Escrito por avecleculture el 31/05/2009 01:57 | Comentarios (0)
Sin saber cómo (como suele pasar) he dado con un extracto de este ensayo.
En él, se comentan las fotografías de Pentti Sammallahti. Su maestría queda reflejada en cada una de sus fotos. Berger habla de cómo la gente suele quedarse embobada mirándolas, mientras se imbuyen en una aparente irrealidad. Es decir, y citando al autor, “lo que vemos habitualmente nos confirma”; quizá por esta misma razón existe otro orden visible, que no está pensado para que lo veamos, pero que a veces se escapa, y que nos permite cuestionarnos la vida, la existencia… Es como la ley de la física cuántica, que asegura que una misma cosa es diferente dependiendo del momento en que la observas (eso si la observas…) Nadie comenta, todos preguntan. El uso creativo predomina entre los artistas. Pero los observadores también deberían ser capaces de significarse ante la masa, de individualizarse...
Escrito por avecleculture el 24/05/2009 12:41 | Comentarios (0)
Bueno, son casi las 3 de la madrugada y aquí estoy yo…sin descansar. Pues esta noche he discutido con varios amigos sobre el sentido de la vida: ¿qué es vivir?
Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.
(“Vida e historia” -1941)
Una persona, ensayista, aunque también -y no sé si primero- médico o científico. Gregorio Marañón cultivó con desenvoltura el ensayo, y acaso sea su cosecha literaria en este campo lo que más ha contribuido a enaltecer su figura. Hay muchas razones por las que, en estos tiempos de ciega especialización y de sequía intelectual, merece la pena recordar a alguien como él. Un sabio que amó el diálogo y supo cruzar los saberes, mostrando así que la definición de humanismo no es una fórmula hueca, sino una meta alcanzable.
¡VIVE!
Escrito por avecleculture el 24/05/2009 02:53 | Comentarios (1)
Se avecinaba un domingo cualquiera. Pero no. ¡Esta tarde ha dado para mucho!
He descubierto, primero de todo, que tengo una proporción áurea. Sí, sí, sí. Vamos, así explicado rápido, que tengo el ombligo justo donde debería estar, ni más abajo ni más arriba. ¡Clavado! Te subes en una plataforma y una luz láser te indica donde lo deberías tener. Mis amigas no tienen proporción áurea...¿significa eso que son deformes?
Lo segundo es que, de aquí a unos dos millones de años, los segundos correrán más rápidos que hoy (así como lo hacían más pausadamente hace otros tantos años). ¿Habrá entonces más segundos comprendidos en un minuto? ¿Más minutos en una hora? ¿O serán más cortos los días? En ese caso, se tendrán que hacer las cosas mucho más a prisa. No quiero ni imaginarlo, si ahora nuestra vida ya es acelerada de por sí. La mía, al menos, va a contracorriente. Y la de veces que he dicho "mi día debería tener más horas"... Suerte que no estaré ahí yo, para estresarme más...
Y lo último que quiero destacar, porque creedme que impactaba, es que he visto al roedor más grande del mundo; bueno, roedora. Y es taaaan mona... Cualquiera diría que es familiar de las ratas esas que dan tanta grima...
El Cosmocaixa realmente acoge, aunque de forma un poco desordenada, experimentos y artilugios (por llamarlo de alguna manera) sorprendentes. Ves ahí con tiempo y piérdete en ese mundo científica y matemáticamente estudiado pero caótico.
Da mucho en qué pensar, y eso me encanta. Plantearte cosas que sabes que nunca resolverás. Pura curiosidad. Pero ves, ahora ya sé sobre qué filosofaré cuando me vaya a dormir.
Escrito por avecleculture el 18/05/2009 00:51 | Comentarios (0)
Hace unos días me topé en Facebook (qué razón tenía mi compañera Àurea Ribas al decir que era lo mejor para perder el tiempo...) con un grupo que me hizo mucha gracia. Cito textualmente lo que encontré:
Barça nuestro que estas en las Finales Santificados sean tus héroes Venga a nosotros tu reino hágase tu juego así en casa como en campo ajeno. Danos hoy nuestro pan de cada día perdona nuestra callada afición como también nosotros perdonamos algunos de vuestros errores. no nos dejes caer en segunda posición, y danos lo que es nuestro. Amén
Dios te salve Barça, lleno eres de calidad Iniesta es contigo, bendito tú eres entre todos los clubes, y bendito es el fruto de tu juego, el GOL. Santa Barça, madre de la Masía, ruega por toda la afición, ahora y en la hora del pitido final. Amén
Es increíble cómo este club puede significar tanto para tanta gente... Es el mayor fenómeno de masas, aquí, y actualmente, y por eso creo que merece un hueco en "la cultura". Ya veis, para muchos, es como una religión (eh! sin ofender a los que promueven eso de "no dirás el nombre de Dios en vano").
Ahora ya hemos ganado la Liga también. Somos grandes.
Ah! Se me olvidaba... CAMPEONES!!!!!
Escrito por avecleculture el 17/05/2009 12:11 | Comentarios (0)
Eran casi las 10 de la noche en Pakistán. Sohrab estaba tomando su baño diario cuando sonó el teléfono. Al otro lado de la línea, una voz suave, delicada, preguntó por Amir. Le dijo que se llamaba Natalia, aunque en el transcurso de llamada, le confesó que fue, durante mucho tiempo, Colometa. Sólo quería conversar un poco.
Amir estaba cansado, cansado de todo. Quería su vieja vida de vuelta. Cuando empezó el conflicto en su país, Afganistán, él sólo tenía 18 años, y marchó a América con su padre; ahora, casi 20 años después y casado, debía regresar para “volver a ser bueno”: debía hacerse cargo del pequeño Sohrab, al que luchaba por llevarse a América.
Tras conocer la situación, Colometa le explicó cómo vivió ella una época similar. La Guerra Civil había puesto su mundo patas arriba. Hundida en un matrimonio que no le hacía feliz, vio partir y morir a sus seres queridos, pasó hambre y miseria, y se vio en muchas ocasiones incapaz de sacar adelante a sus hijos. Hijos… Amir y su mujer no podían tenerlos. Y ahora se veía cuidando del pequeño huérfano, que había recogido en un Kabul completamente desconocido para él.
-Es tan diferente del Kabul que dejé atrás. Parece mentira que esa sea la ciudad de mi infancia, donde ahora abundan los niños y escasean los padres… ¡Horrible, Colometa!
Para ella todo había sido distinto. Había permanecido siempre en su Barcelona natal, y había visto todo el proceso. Había rehecho su vida ahí, una vez finalizado el conflicto. Amir, por el contrario, tenía una vida montada en San Francisco, y es a donde pretendía volver con Sohrab.
Entre uno de esos silencios -en los que seguro una mirada melancólica invadía la cara de ambos- ella le dijo que le fascinaba las palomas.
-Es curioso -musitó Amir- a mí me fascinan las cometas… En cierto sentido ambas cosas tienen mucho que ver… Una mancha de color en un cielo azul añil.
En efecto, ambos, iconos de libertad, les hacían volar con ellos también su imaginación; para así poder evadirse del mundo terrible que se había creado bajo sus pies.
Se cortó la conversación. En Peshawar las comunicaciones no funcionan muy bien… Esa fue la última vez que hablaron.
Escrito por avecleculture el 12/05/2009 01:01 | Comentarios (0)
¿Por qué me siento identificada con este personaje?
Me siento identificada con este personaje porque, pese a la distancia cultural y geográfica (es afgano), tiene una forma de ser que podría -sin serlo- parecerse a la mía. Es un tío honrado, que no haría daño a nadie, pero que a veces le da miedo enfrentar la realidad y se cobija bajo una “falsa ilusión”.
Valores positivos de este personaje
Es buena persona, incapaz de hacerle daño a nadie (aunque sin quererlo lo hace una vez). Honrado. Cuando falla a alguien, la culpa le come por dentro. Es leal.
Valores negativos de este personaje
En ocasiones es cobarde. Muy duro consigo mismo.
Si trabajase sobre este personaje, ¿qué punto destacaría?
Destacaría su forma de intentar redimir sus pecados. Él comete un acto de pequeño que le tortura toda la vida, y tiene una extraña forma de intentar arreglar las cosas (llegados a un punto, intenta el olvido, pero el pasado siempre está ahí). Muestra un registro de su carácter que no se aprecia a primera vista, pues en realidad usa una carcasa que esconde sus secretos.
Destacaría eso: cómo intenta sobrellevar el pasado, sin darse cuenta de que, cuando todo pasó, él era sólo un niño. Se martiriza demasiado tal vez.
Si me introdujera en la historia, ¿qué papel adoptaría?
El del “colega bueno”; el que quiere ayudarle a ver cuál es la forma correcta de actuar, y a arreglar las cosas cuando toca (no años después).
¿Qué creo que este personaje ha aportado a la humanidad?
La condición humana de la culpa en su máximo esplendor; y por consiguiente, una manera de redimir los pecados de forma bondadosa.
¿Qué creo que merece mi personaje?
Del libro ya surgió la película, así que creo que mi personaje ya tiene lo que se merece.
Escrito por avecleculture el 11/05/2009 22:23 | Comentarios (1)
- Tú siempre esperas gestos, yo palabras. Vivimos en mundos distintos y dentro de poco más aún. - No digas eso. - Soy realista. El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto, ya no hay forma de sacarlo. - ¿Te has vuelto poeta? - No, lo escribiste tú hace unos meses. - Vámonos de aquí, ¿eh? Vámonos de este lugar que sólo nos mata a recuerdos. Venga, ayúdame a recoger tus cosas y vámonos. - Sólo me quiero llevar una cosa. “Báilame el agua”, ¿te acuerdas? - Cómo me iba a olvidar. - ¿Me lo lees? Nunca lo hiciste. - Son sólo palabras. - Sabes que eso es lo que necesito.
Escrito por avecleculture el 03/05/2009 21:30 | Comentarios (0)
La verdad es que, a mí, todas esas historias de superhéroes no me atraen nada...
Sólo hay algo, común a todos esos personajes, que pueda llamar mi atención, y es el misterio.
Los chicos misteriosos tienen mucha tirada, sobre todo, obviamente, entre el género femenino. Ese punto entre chico malo y chico bueno gusta; y yo no soy menos. Me encanta la típica mirada que atrapa -"¿qué estará pensando?"-. Realmente no tienes ni idea, y por eso sus acciones sorprenden más. Eso le da vida a cualquier trama.
Pero debo decir que, un personaje misterioso no tiene porqué ser un superhéroe. Puede haber alguien parecido en cualquier historia cotidiana, "humana".
Estaba pensando, por ejemplo, en Prison Break (serie a la que estoy muuuy enganchada y reconozco que tal vez sea por ese personaje principalmente). Su protagonista tiene ese halo de misterio del que tanto hablo, ¡y bien humano que es!
Y tal vez por eso no me gusten las pelis fantásticas de superhéroes, como la ahora tan idealizada Crespúsculo, porque, pudiendo tener eso en la vida real, ¿quién lo quiere en la fantasía? Vale que no me salvará la vida si caigo de un rascacielo, o si una camioneta me va a arrollar en cuestión de segundos (y eso que Scofield, es mucho Scofield) pero bueno, creo que me conformo...
Escrito por avecleculture el 03/05/2009 21:22 | Comentarios (2)
El vecino más pesado de toda la escalera, la compañera de clase con la que te llevas tan mal, incluso el tío del trabajo con el que, en un arrebato pasional -del cual te arrepientes profundamente- te acostaste la noche anterior… Es como una ley de Murphy: ¡te los encontrarás en el ascensor!, en ese pequeño cubículo donde el silencio se hace grande y frio, y puede llegar a cortar.
Es curioso cómo un trayecto tan corto (¡por suerte aquí no hay rascacielos!) puede hacerse tan eterno. Inevitablemente, alguien carraspea, deja ir un tímido “buenas” o -lo que siempre me ha puesto de los nervios- “vaya día hace hoy, ¿eh? – sí…”. No puedo, no lo soporto. Es mejor quedarse callado, a la espera del anhelado “ding” que indica que alguno de vosotros, da igual cual, ha llegado a su planta. Entonces, y sólo entonces, puedes soltar el aire que estabas reprimiendo, y respirar aliviada.
Pero claro, ¿qué pasa si los dos bajáis en el mismo piso? ¿Yo detrás de ti, tu detrás de mi…? […]
***
El ascensor es un lugar que, según como, impresiona: hay incluso gente que tiene claustrofobia. Y una figura que me llama mucho la atención es el tío que se dedica a llevar a la gente arriba y abajo: el ascensorista al ascensor, como el farero al faro.
UNA JOVEN – Los malos ratos, que son muchos, vienen solos y los buenos hay que buscarlos. […] A este mundo hay que ponerlo patas arriba y hacerlo de nuevo. ¡Hay que buscarse los buenos ratos…que son cuatro días!
ASCENSORISTA – (Intentando contemporizar) No crea, señorita, yo también los he buscado, pero…¡pocos encontré! (Triste) ¿Ustedes creen que se puede encontrar algo con un horizonte tan limitado como el mío? ¡Durante ocho horas diarias no tengo más perspectiva que los cinco o seis metros cuadrados del ascensor!
UNA JOVEN – (A UN JOVEN) Es el ascensorista, ¿sabes?
UN JOVEN – ¡Ya! (Señalando el ascensor) y ahí pasa su vida, ¿no?
ASCENSORISTA – Sí, hijo; ahí, sin más horizonte que los paquetes de la gente, la espalda o el aliento de los que suben y bajan… (Con un gesto de tristeza) ¡Y así son las cosas!
Se podría decir que cada ascensor es un mundo, y, si dejamos volar la imaginación, dentro pueden ocurrir las cosas más impensadas, las más inverosímiles…
Sí, hemos estado viendo, inevitablemente, cómo una buena ficción necesita de un conflicto inicial para desarrollar una buena trama que enganche al público.
Sólo quería hacer un apunte respecto a la pasada charla -me gusta más este término que el de “clase"-. Comentábamos que una historia no podía mostrar una familia feliz, con sus hijos perfectos, pues eso no tendría éxito. En seguida me vino a la mente un artículo que leí en La Vanguardia: “La mamá de los octillizos empieza a rentabilizarlos”. Sí, sí, es una mujer que se hizo famosa para la comunidad médica y la sociedad estadounidense a raíz de su parto múltiple. Pero, por si aún queda alguna persona que no la conozca, Suleman, que es como se llama, quiere aparecer en la pequeña pantalla de todas las familias americanas e inglesas.
Cuando dos de sus bebés (que están aún en la unidad neonatal del hospital) reciban el alta, ella les esperará con los brazos abiertos y las cámaras encendidas. Y ahí empezará el reality show “sobre cómo Suleman cría a sus 14 hijos -hasta que tengan 18 años- mientras busca el amor”.
Bff… ¡pues vaya! Tal vez le pueda interesar a alguien del Opus, pero a pocos más.
¿Cuál es el conflicto? ¿La dificultad de criar tantos hijos? Pues haberlo pensado antes. Me parece un poco indignante que programen eso en la televisión, que nos vendan su vida, el circo que ha montado con ella, como si fuera algo de interés general…
¿Qué creéis vosotros?
Escrito por avecleculture el 24/04/2009 12:49 | Comentarios (1)
La cultura siempre la he entendido como aquel conjunto de tradiciones, costumbres, creencias, formas de pensar y/o actuar, incluso de las leyendas, que conducen a cualquier individuo y modelan su forma de ser. Sin embargo, cultura también es lectura, es viaje...por lo tanto, conocer lo que es ajeno a ti. La cultura es vida.
Así, yo entiendo que, cada país, cada comunidad, cada individuo, está arraigado a una cultura, y que la riqueza reside en observar y respetar; entender todas las visiones y aprender de todo un poco.
Una persona puede ser culta al comprender que cada uno es un mundo, que entre la diversidad está la riqueza, y que quiere alimentarse de todo. No es necesario viajar, leer, estudiar (que sí), pero a veces, simplemente, basta con sentarse a conversar con otra persona y entender que cada una aporta algo esencial al concepto más llano de la vida.
Y no hace falta que sean dos escritores, figuras del periodismo, etcétera. La clave está en escuchar. Crece quien quiere aprender, y cada palabra enseña algo, por más mínimo que sea, dicha por quien sea (como decía Machado: “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su portero”).
Lo que no se puede hacer es cerrarse en banda, tapiar un muro entre tú y el resto.
Este video fue creado por algunos artistas de Quebec para denunciar los recortes en la financiación cultural que llevaba a cabo el Gobierno Conservador de Stephen Harper (primer ministro de Canadá).
Trata de mostrar cómo un consagrado artista de Montreal, Michel Rivard (miembro del grupo Beau Dommage), se reúne con el nuevo comité gubernamental que supervisa la financiación cultural, topándose con una abundancia de huecos lingüísticos y malentendidos culturales -en especial cuando toca su clásico tema “La Complainte du Phoque en Alaska” (lo que el comité interpreta como “fuck”en inglés)-.
[Sinceramente, yo no sabía quién era Rivard ni los Beau Dommage, ni conocía la canción tampoco, así que no os preocupéis… Lo único que pretendía con este vídeo era mostrar como las barreras culturales no benefician a nadie. Es una parodia de a lo que puede desembocarla “incultura”…]
Escrito por avecleculture el 03/04/2009 14:19 | Comentarios (1)
¿Un viaje cultural? Mmmm…. Podría hablar del viaje a Andalucía con el colegio, para hacer el crédito de síntesis sobre el legado árabe; un viaje con libreta y boli siempre encima, y en el que te obligaban a hacer “mini trabajos” durante la visita… Claro que fue cultural, y claro que aprendí.
Pero no, no hablaré sobre ello. Prefiero hablar sobre cualquier otro viaje que haces por diversión y en el que, sin darte cuenta, aprendes lo mismo o incluso más.
Imaginaos: calles con historia, y llenas de gente con historias. Todo huele diferente. Huele a salsa, huele a resistencia, huele a cambio -lento pero intenso-, huele a cultura, huele a comida, huele a tabaco, a caña de azúcar y a mojito… ¡huele a vida! Sí, las calles huelen a Cuba.
Volé con mi familia a esas tierras en el 2002, y sé que las cosas han cambiado desde entonces. Pero, al final, de lo que más te acuerdas, es de los rasgos que lleva intrínsecos. Las vistas desde el hotel al Paseo del Prado, con sus leones lado a lado, el Malecón, la Habana Vieja, el Buena Vista Social Club, la Catedral, el Capitolio (clavadito, por cierto, al de Washington)… Pero, sobre todo, de cada experiencia vivida en estos rincones.
Si algo me impactó de verdad fue la acogida de sus habitantes. Si alguna vez vais a Cuba, no penséis recorrer sus calles a vuestras anchas; qué va. A cada paso que das te surge un nuevo guía, un espontáneo que, con ilusión y -porqué no- un poco de afán de protagonismo, te lleva a los recovecos más impresionantes de su ciudad, de su patria te dirían ellos. Es muy típico allí que, después de la “visita” te lleven a comer a alguna casa particular, donde apenas una mesa invade un comedor repleto de fotos antiguas y emblemas del país. La “típica” cubana ya entrada en años (según como, con la ayuda de alguna joven) con un pañuelo colorido en el pelo se pone al mando de los fogones mientras que el marido y algún hijo se encargan de servir y entretener a los comensales. Y tú ahí, en medio de un ambiente familiar, y cerca de un ventilador viejo que se cae a pedazos, pero que alivia el sofocón de los 40 grados que hace fuera, disfrutas como un niño pequeño de los frijoles, el arroz, el plátano frito y el asado de cerdo a fuego lento.
Es curioso este “trueque”. Los guías ganan algunos pesos por llevar a los turistas a las casas, pero tú ganas mucho más.
Y después de comer, vuelta a empezar. Si no consiguen llevarte a comer, se conformarán con llevarte a merendar, o con enseñarte cómo se hace un mojito o cómo se logra la caña de azúcar, o con introducirte en una improvisada rueda de salsa en la Plaza Vieja, o con mostrarte la gran casa donde se rodó la famosa película Fresa y Chocolate -aunque ahora resulte difícil de creer que esas ruinas albergasen el rodaje de una película que incluso estuvo nominada a los Oscar-.
Sin duda, al concluir el día y volver al hotel -recordad, acompañados- te embarga una gran sensación de felicidad. Has aprendido muchas cosas. Has podido palpar la cultura y las tradiciones de este increíble país, pero -y es igual de importante- también has palpado la calidad humana de su gente. Independientemente de todo por lo que han pasado, sobretodo el eterno bloqueo, son gente orgullosa de ser lo que son. Estremecen sus historias: algunos alaban al Che, otros te muestran su opinión sobre Castro (pero ¡ojo, que nadie nos oiga!); pero la mayoría te acercan al verdadero día a día de Cuba: a, por ejemplo, el cómo funciona eso de las cartillas de racionamiento y las miserias que les dan. Recuerdo salir del hotel con mis hermanas y que se nos acercase una madre con un bebé para pedirnos que comprásemos leche en polvo en el supermercado, porque lo que le daban con dicha cartilla no le era suficiente...
Los aires salseros en Habana Vieja, el Malecón, los “coco-taxis”, el cañonazo de las 9… qué decir, Cuba tiene una aurea que le hace especial. No sé si es su gente, la historia evocadora que lleva tras de sí, su arte… Ni idea. Pero de lo que estoy segura es de que pocos lugares impresionan tanto. Generalmente te quedas con la parte turística de los sitios, pero, creedme, que aquel viaje te llevaba más allá.
Llevo toda la semana queriendo escribir sobre “lo fascinante que me resulta viajar”, pero no he llegado a encontrar el momento. Y de hecho ahora, que me pongo a ello, tampoco considero que lo sea.
¿Cómo expresar el torbellino de recuerdos, de emociones, de sensaciones que deja un viaje tras de sí? Sin más, me he puesto a ojear álbumes de fotos, y, de una manera sorprendente, parece que vuelvo a estar ahí (curiosa sensación la de viajar sin moverte del sofá…). Todos los sitios a los que he ido, todos los caminos que he recorrido, y toda la gente que en ellos me he encontrado, su cultura, sus tradiciones y un tan largo etcétera, han dejado su huella en mí. Y tal vez, sin darme cuenta, nunca podré olvidarlos. Según dicen muchos, aquel viaje que no ha dejado huella en tu corazón jamás fue un viaje. Viajar, para mí, es una experiencia inolvidable. Cuando viajas, la curiosidad se vuelve continua, pues todo es nuevo y quieres conocerlo.
La página web del taaan adorado Santiago Tejedor,www.tuaventura.org, es una recopilación de fotos increíbles y textos bonitos, la mayoría autobiográficos. Cualquiera puede escribir ahí. Está bien como lugar en el que compartir experiencias, porque eso enriquece, pero no esperes encontrarte recomendaciones sobre viajes, consejos… Estás en el sitio equivocado; mejor ves a ryanair, atrápalo, etcétera.
No sé si a alguien más le pasará, pero a mí, al meterme en esta web, me entran unas ganas locas de conocer todos los rincones de los que habla. El viaje es contagioso; de hecho la vida misma es viaje, desde que nacemos. Dicen que es la mejor universidad. Se puede llegar a aprender lo inimaginable recorriendo la Tierra, y es que ya se dice que el mundo es como unlibro abierto, y quien no viaja sólo ha leído la primera página. Sé lo que estáis pensando, pero no hace falta tener “pasta” para viajar. Cada uno modela su aventura según sus gustos y necesidades, y creedme que lo puedes hacer muy económicamente. Ryanair, por poner sólo un ejemplo, de vez en cuando, saca billetes a 2 céntimos; vale, muy de vez en cuando, pero quien busca, encuentra.
Y ahora sí, independientemente del dinero, yo os aconsejaría: daos una oportunidad, y conocer las maravillas de vuestro alrededor. Eso, no tiene precio (para todo lo demás, Mastercard puede ayudar, sí, pero…).
Escrito por avecleculture el 16/03/2009 12:16 | Comentarios (2)
Esta semana me gustaría centrar mi blog en las ferias de arte internacionales.
Siempre me ha atraído más el arte moderno que el clásico –aunque de todo se aprende-; tal vez sea por tradición familiar: mi padre dirige una galería de arte contemporáneo, la Galería Joan Prats. Eso me ha permitido conocer de cerca este mundo, empaparme de él, y, por suerte, he podido asistir a diversas ferias.
La más reciente, ARCO, celebrada en Madrid entre el 11 y el 16 de febrero, nunca me decepciona. Actualmente, pasando por los tiempos por los que pasamos, es cierto que las galerías iban con más miedo que en otras ocasiones. No corren buenos tiempos y el arte es un bien “prescindible” que peligra en una época de recesión económica como la actual.
Pero las cosas han ido mejor de lo que se esperaba. La feria cerró con unos resultados inesperados entre tanta incertidumbre, lo que confirma la solidez del mercado del arte contemporáneo.
Lo cierto es que llevar una galería a una feria es costoso y se intenta, al menos, compensar los gastos. Sin embargo, a según qué citas se acude meramente por prestigio.
En la Joan Prats pretendíamos ser prudentes, sin dejar de apostar por lo mejor. Y se han superado las expectativas. Yendo preparados para asumir tiempos difíciles, se acercaron, no sólo clientes habituales, sino también coleccionistas institucionales y privados.
El panorama general, en definitiva, ha sido de ventas algo más moderadas, pero “excelentes” teniendo en cuenta las circunstancias actuales. Eso sí, se palpaba en el ambiente una mayor cautela de los compradores, muchos de los cuales apalabraban las adquisiciones con una “ya me pasaré el lunes”, lo cual angustiaba, si más no, a todo vendedor.
Esta es sólo la primera gran cita de arte contemporáneo internacional de 2009. Veremos cómo continua la cosa…
Lo que pienso que está claro es que el arte no es inmune a la crisis, pero ésta no tumbará todo el mercado, sino las modas. El arte más contemporáneo será el más vulnerable. Por eso es curioso mencionar el caso de Damien Hirst. Sus obras de animales en formol alcanzaron un récord en subastas sospechoso. Tanto fue así que muchos se apresuraron en decir que los amigos del artista habían inflado las pujas de la subasta celebrada en la casa Sotheby’s…
Fuera como fuera, opino que aguantarán mejor la crisis los artistas tradicionales que los más nuevos y actualmente más mediáticos. Una obra de calidad y prestigio seguirá teniendo su valor (y de hecho, en pasadas subastas se han seguido alcanzando récords cuando la obra lo merecía). Pero ya no vale todo. Se venderán, no sólo los nombres, sino piezas concretas: una buena obra puede seguir subiendo pero ya no cualquier obra de un artista importante tiene una salida fácil si no es buena.
Yo creo que el arte sólo es una inversión si a uno le gusta.
Cualquier escena, cualquier paisaje, cualquier evento, cualquier…se llena de tópicos cuando lo analizamos desde una estética determinada. Y como cualquier otro lugar, España como conjunto no se queda fuera de este juego.
Son muchos los aspectos que la gente relaciona con nuestro país pero, ¿son realmente determinantes y característicos de él? Los toros, las sevillanas, la gastronomía… Sí, yo sé que están aquí, que son propios de aquí, pero, la verdad, no me siento identificada con nada de esto. España es muy grande y cada zona tiene su “imagen”. Puede que en el sur sí se identifiquen con las sevillanas y los toros -y lo entiendo-, pero generalizar nunca es bueno.
En Barcelona hay muchas otras cosas que venderían una imagen mejor para el turismo (si es que eso es lo que buscan). Millones de rincones por explorar, actos, monumentos, edificios, tradiciones…
Es curioso mencionar la tan comentada ya “Vicky Cristina Barcelona”; la visión de un extranjero (Woody Allen) de nuestra ciudad. Se trata de una película salteadísima de tópicos y estereotipos: los barceloneses artísticos (tal vez sólo por vivir en la ciudad de Gaudí…), un tanto caóticos, destacando la figura de “latin lover” de Javier Bardem y la de morena histérica de Penélope Cruz. Lo que se logra es dar una imagen un tanto irreal -o real pero alejada de la cotidianidad-. Porque, por poner sólo un ejemplo, ¿cuántas veces habéis ido a un restaurante y la cena ha estado acompañada de un grupo flamenco, cuya guitarra española ha dejado embelesados a todos los comensales, capaces sólo de tambalear su copa de vino tinto de un lado para otro? Además, Vicky viene a Barcelona para estudiar ¿un máster en identidad catalana? …
A los americanos les gusta; a los barceloneses de a pie les parece una película meramente distraída, un pasatiempo de obligada expectación por ser del gran genio, Allen.
Realmente es difícil describir algo sin caer en los tópicos, vale. Se ha de tener en cuenta que a muchos neoyorquinos, la película “Manhattan” les gustó tanto como a muchos barceloneses “Vicky Cristina Barcelona”. Y eso que, entonces, Allen describía su propia ciudad.
Pero bueno, siempre puede pasar, y si no que se lo digan a Bigas Luna y su “Jamón, jamón”, también protagonizada por “nuestra” Pe. Una película del 92 que deja entrever una España de toros (como comentaba más arriba), de tortilla de patatas, de morenas de armas tomar, de “la buena vida” y, cómo no, de jamón.
Es la visión de España de un extranjero frente a la de un español, y ambas dan suaves pinceladas a lo que podría ser ese país. Representan una imagen, a su manera, plana de algo que en verdad está lleno de vida, de cultura por explorar, de tradiciones, sí, pero también de innovación. Lo mismo pasa en el arte costumbrista, como el de Sorolla, o en las fotografía de Anne Leibovitz sobre este país que vimos el último día en clase.
Huir de los tópicos es difícil, realmente, cuando se intenta describir una determinada estética.
Quien lo haya conseguido…que tire la primera piedra. ¡Ay! Veis, lo he vuelto a hacer…
Sólo 400 años nos separan de aquel trágico episodio de la España de los Reyes Católicos.
En pro de una “homogeneidad” -para muchos un tanto egoísta-, el 9 de abril de 1609, Felipe III decretó la expulsión de los moriscos, descendientes de la población de religión musulmana. La mayoría de esa población se había convertido, forzadamente, al cristianismo por la pragmática de los Reyes Católicos del 14 de febrero de 1502.
Los moriscos continuaban siendo un grupo social aparte, a pesar de que la mayoría de las comunidades habían perdido el uso de la lengua árabe en favor del castellano, y de que su conocimiento del dogma y los ritos del islam, que practicaban en secreto, era en general muy pobre.
Es una situación que bien se puede dar hoy en día: diferentes culturas, grupos sociales divididos, distintas religiones…en definitiva, pluralidad. Mal entendida deriva en conflictos sociales por doquier, pero la verdad es que la pluralidad siempre enriquece a todas las partes implicadas. La transferencia de la cultura hispánica que se dio gracias a los moriscos es aún palpable, desde la arquitectura a la música.
No se sabe qué hubiera pasado si la expulsión morisca nunca hubiera tenido lugar. La opinión pública de aquel entonces estaba muy dividida entre los que consideraban que se debía ser tolerante y dar más tiempo a la cristianización de esa comunidad, y los que proponían echarlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera hecho caso a los primeros? Pues no lo sé. Como dice Ramón Petit (del Instituto Europeo del Mediterráneo), ese acontecimiento fue una pérdida para España, pero para Túnez (país de acogida) supuso un renacer de tradiciones, de cultura, una obertura. Así, las consecuencias fueron diferentes en cada país en función de lo que pasó; en función de lo que pudo no haber pasado, también habrían sido diferentes.
Lo cierto es que, con anterioridad, Carlos I y Felipe II ya habían insinuado y pretendido una medida más radical a la conversión cristiana, pero fue a partir de 1608 cuando el Consejo de Estado empezó a considerar la opción de la expulsión, y un año más tarde recomendó al rey tomar esa medida.
Así, se puede considerar ese hecho histórico como el fruto de una política un tanto confusa, que en lugar de buscar otra alternativa, tomó la “vía fácil”.
Lo que está claro es que la discriminación nunca es buena; la pluralidad sí. Es algo aplicable a todos los conflictos actuales. Cada cultura, o subcultura, o grupo tiene sus pequeñas aportaciones que hacer. Todo el mundo puede ofrecer algo, por muy pequeño que parezca, que puede beneficiar a los demás. Por el legado que nos han dejado los moriscos (en muy diversos ámbitos de nuestra vida) queda patente que, sin ellos, hoy nosotros no seríamos lo que somos; no se puede entender la vida prescindiendo de las circunstancias en las que está implantada. Como bien postuló José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”.